
Francisco Sotelo es un Latino de 22 años de edad que emigro desde Tijuana, México, a San Diego, California, a la edad de 15 años.
Al igual que muchos inmigrantes Francisco no cruzo la frontera legalmente.
Francisco nació y se crió en Tijuana y es el mayor de cinco hermanos. Después de la muerte de su padre, Rodolfo Sotelo, Francisco se encontró trabajando en tres empleos para mantener a su familia.
Duras condiciones de trabajo junto con salarios insuficientes lentamente devoraron a Francisco.
Cuando su novia Maricela quedó embarazada, Francisco sentía que las probabilidades estaban totalmente en contra de él.
“Sabía que tenía que hacer más para mantener a mi familia y que yo no quería que mi hijo crezca en este lugar terrible,” dijo Francisco.
Fue esta serie de eventos que convencieron a Francisco de emigrar a América en busca de seguridad financiera.
Francisco sabía que el camino a la ciudadanía sería muy largo, y él era un hombre que luchaba contra el tiempo.
“Sabía que había gente que me pudiera pasar a los Estados Unidos y sabía que había gente que moría de hambre esperando que se les permita entrar legalmente a los Estados Unidos,” dijo Francisco.
Historias como estas son las que convencieron e inspiraron a Francisco a que emigrara a los Estados Unidos ilegalmente.
El viaje iba a ser hecho con su primo, Alex Estrada, quien conoció a Francisco el 19 de marzo de 2004 en Tijuana.
“Yo estaba muy contento de tener a alguien que yo sabía que podía confiar en mí,” dice Francisco.
Francisco explico que despedirse de sus seres queridos fue muy duro, pero que no era nada comparado con lo que se avecinaba.
Al final de despedirse de sus seres queridos y de prepararse para hacer el cruce a Estados Unidos, Francisco y Alex sólo se quedaron con agua para beber y una cantidad muy mínima de alimentos.
Los dos iban a cruzar la frontera con la ayuda de un ciudadano estadounidense que fue amigo de Francisco. El hombre ya tenía experiencia con el contrabando de humanos por la frontera de Tijuana y sabía que el cruce a mediodía durante el tráfico sería más.
Con el corazón destrozado, Alex y Francisco se introdujeron en el interior del maletero de un Toyota Camry.
El hombre que los transportaba era conocido por la patrulla fronteriza como un empresario que con frecuencia cruzaba la frontera entre San Diego y Tijuana. Poco sabían que a menudo transportan drogas y seres humanos a través de la frontera.
Francisco describe la maletera del carro como un pequeño compartimiento que normalmente se utiliza para neumáticos, pero este compartimiento estaba mas ampliado y fue donde se escondió junto a su primo.
“Fue lo más espantoso de mi vida, me daba miedo que se acabara el aire, así que estaba en silencio, rezando en mi cabeza,” dice Francisco.
Una vez que estuvieron a salvo dentro de los Estados Unidos, Francisco y Alex tuvieron que cumplir con la promesa que le avían hecho al hombre que los cruzo.
La promesa que Francisco y Alex le avían hecho al señor, fue que ellos iban a trabajar para el por todo un año completo sin que se les pagara nada de salario.
“Este fue el año más difícil de mi vida puesto que no se me pagaba por mis agotadoras horas,” dice Francisco
A Francisco y Alex se les permitió una acama para cada uno en una habitación compartida con otros 20 trabajadores ilegales.
A pesar de que fueron asignados dos comidas al día para cada uno, eso no era para satisfacer el su hambre así que ellos siempre que era posible llevaban comida a casa de su trabajo y la compartían con los demás compañeros.
Al completar su promesa con el señor que lo paso a Estados Unidos, Francisco pudo trabajar y mandar la mayor parte de su dinero a su familia en México para que se pudieran mudar mas al sur de México a un lugar mas seguro.
Después de tener a su familia en un lugar mucho mas seguro, Francisco y Alex se mudaron mas al norte asta la pequeña localidad de Lake Arrohead, California.
Ubicado en las montañas de San Bernardino, el pequeño pueblo ha permitido continuar con el anonimato los hombres y con ello la seguridad.
Francisco trabaja como lavaplatos en un restaurante local y como obrero de una empresa de construcción. Ambos trabajos los obtuvo sin la documentación apropiada y aun sigue trabajando.
“ Todo el dinero que gano es cuatro veces más de lo que hacia en Tijuana. Desde que llegue a este país he sido capaz de cambiar la vida de mi familia. Mi hijo tiene ahora siete años y tiene una bicicleta. Me alegro de que yo pude comprársela porque yo siempre había querido una bicicleta para mi.”
Francisco y Alex siguen viviendo juntos en un pequeño remolque y dice Francisco que él está agradecido por la casa que tiene y por la suerte que tiene de vivir a poca distancia de sus dos puestos de trabajo y muchos amigos que ha hecho.
A pesar del innegable aumento de la calidad de su vida, Francisco todavía se siente muy triste y solo, sin su familia.
“Sólo he tenido fotografías de mis seres queridos y es lo mas serca que los he tendió a mi desde que los deje. A veces siento que deje una gran parte de mí en México,” dice Francisco.
Francisco esta tratando de obtenerle a su esposa he hijo una ciudadanía americana para que puedan venir y unirse con el.
En muchas ocasiones Francisco siente como que nunca lo va a lograr pero el no pierde las esperanzas de que algún día se reuniera con su familia en la tierra de la libertad.
“Es imposible para mí creer lo contrario después de todo lo que he sobrevivido. yo sé que Dios está de mi lado,” dice Francisco.
Por: Cailey Milton

una y otra vez cuanto sea necesario , hay que probar y probar .